viernes, 24 de abril de 2009

Zapping

Ha pasado una semana desde la última entrada. Al hacer un zapping mental a este tiempo transcurrido, reparo en los momentos que por una u otra circunstancia se han quedado en mi memoria pegados como moscas en la miel:
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En el coche escuchando la radio. La locutora pregunta al que se encarga de la información meteorológica ¿Qué previsión hay para el fin de semana?
- Aunque hoy hace bueno se espera que a partir de mañana se vuelva a arruinar el fin de semana pues vuelve la lluvia y las bajas temperaturas. Y ya va siendo hora de que se quede el buen tiempo.
- Pero bueno piensa que al campo le hace falta, hemos pasado una sequia muy dura y a los embalses y al campo no le viene mal el agua- contesta la locutora.
A lo que responde el intrépido meteorólogo, “mujer eso era antes cuando el agua era tan necesaria para el campo, ten en cuenta que hoy en día el 70% por ciento de la población vive en las ciudades…”
Llevo una semana buscando una lechuga entre mis vecinos y nada, se ve que pertenece a ese 30% por ciento denostado. También es mala suerte la mía.

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La madre de mi compa (a efectos legales mi suegra, aunque reconozco que prefiero no tener muy en cuenta esa legalidad), en un ataque de sinceridad, comenta, “la verdad es que yo estoy muy tranquila con la educación que vaya a recibir mi futuro nieto o nieta… sobre todo porque me fío de mi hija”


Estos brotes psicóticos de cariño reconozco que me dan vértigo.




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Estando en Madrid dando un paseo, me entra de repente la necesidad de entrar al Reina Sofía y fliparme una vez más con los trabajos de Antonio López. Mientras llego a la cuarta planta donde están ubicados, voy mirando a la gente, como dibuja todo tipo de caras mientras observa las obras que hay expuestas de tipo expresionista, abstracto o lo que llaman arte contemporáneo. Yo que soy más terrenal que una lombriz, me dirijo al hiperrealismo de la Gran Vía de Antonio López, pero no puedo evitar pensar si realmente estas personas entenderán algo de aquel cuadro blanco con una línea negra en el centro y ante el que se van moviendo de un lado a otro para mirar la raya desde distintos puntos de vista…
Después de subir por las escaleras hasta la cuarta planta, me dice una de las personas que hay por allí encargadas de vigilar, que en este momento las obras de López no están expuestas, así que me vuelvo a bajar las cuatro plantas y decido salirme al patio del museo para descansar. Y es ahí donde veo la siguiente escultura:


Me viene a la cabeza, lo que una vez escuché que es algo así como que entre las obras y quienes las contemplan se establece un diálogo. De ser cierto, está claro que se estaban partiendo de risa de ver como nos ponemos a flipar cuando vemos muchos de los cuadros que hay dentro del museo.
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Regresando de Madrid, paramos en el paso de Despeñaperros a tomar un café. Desde la terraza del bar tengo delante de mis ojos esta vista y me acuerdo de los cuadros del Reina Sofía y ahora soy yo el que me sonrío.


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Recibo una llamada telefónica familiar. Después de una hora de conversación con el oído caliente y el ánimo bastante quemado de aguantar chantajes emocionales, me acuerdo de aquello de “a la familia no se la elije, te viene impuesta”. Me conjuro para que la criatura que viene en camino no sea víctima de esta regla.

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Hablando con una persona de lo mal que se encuentra por un problema de salud que sufre y cuánto le cuesta seguir las pautas y hacer los ejercicios de rehabilitación que le han mandado; le digo que tiene que tener confianza en que todo saldrá bien, que aunque le venga el desánimo tiene que persistir y pensar que ella no es la única que está pasándolo mal en este momento, que habrá muchas personas que también estarán pasándolo mal y que estarán como ella luchando por salir adelante, e incluso que mire las cosas buenas que tiene, pues seguro que habrá gente que hasta lo esté pasando peor que ella. A lo que me contesta “y a mi de que me sirve saber que hay gente que está peor que yo, si lo que yo quiero es estar como los que están mejor que yo”. Me cayo y caigo en la cuenta de que el latido no es un indicador válido de que haya vida.

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En la ecografía rutinaria a la “pequeña habichuela”, nos encontramos con la sorpresa de que ya la “habichuela” tiene manos, piernas, columna vertebral, costillas, cabeza… y todo ello concentrado en apenas ocho centímetros de longitud. Me sorprendo observando el monitor con temblor de piernas y el pulso tan acelerado que se acompasa al mismo ritmo del de la pequeña cosa.

2 comentarios:

Cris dijo...

Le has oído el corazón? Parece un caballo que corre hacia Noviembre.

Sobre el arte, muchas veces he tenido discusiones con mi amigo el "artista", que me decía:
-Pero cómo te puede gustar eso, si es un MAL CUADRO?-A mí me da igual, no entiendo de cuadros, y me gustan sus formas y colores.

Y por último... el meteorólogo... ¿le han despedido o qué?

Besitos!

Sâddha dijo...

Hola Cris, le pudimos oir el corazón y ciertamente no se si será un caballo o una yegua, pero corre hacia noviembre.
En cuanto al arte, no creo que se trate de mirar desde la perspectiva de un buen o mal cuadro, lo que a mi me flipa es como influye el contexto, pues eso mismo lo encuentras fuera de las paredes de un museo y como mínimo no le haces caso y sin embargo viéndolo dentro de un museo te comes sl coco del las y del revés para encontrar cual es el mensaje que el artista querría transmitir. A mi la verdad es que me hace gracia.
Y en cuanto a lo del meteorólogo seguramente seguirá trabajando para la cadena, pero me dan ganas de mandarle un kilo de patatas de hormigón armado y unos tomates de cemento enriquecido para que pruebe las verduras urbanas de estos tiempos modernos.

Besos campestres.