Como últimamente mis entradas están siendo bastante esporádicas e incluso algo bajas de endorfinas, dejo en esta micro entrada una cancioncilla que desde que la escuché el otro día por primera vez se me ha metido en el coco y es mi banda sonora de los últimísimos momentos. A mi me resulta muy alegre tanto por su musicalidad como por su letra, y por eso que me apetece compartirla con vosotr@s.
Besos.
miércoles, 7 de abril de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
Sentido o sensibilidad
Hoy mismo lo he experimentado de nuevo al ver en la televisión el rostro de los familiares de las personas que murieron en los atentados del 11M. Sus lágrimas y sus rostros me han retumbado como un trueno y de nuevo me he visto en un pulso entre la sensibilidad y el sentido, por supuesto ganando el sentido ya que las lágrimas no han aparecido. En este caso ha sido recurrente el pensamiento de “¿pero, y esto a qué viene ahora? Con la de veces que has visto en estos seis años imágenes de este tipo y mucho peores ¿y te vas a poner a estas alturas melancólico?”
Me resulta jodido reconocerlo pero es así, me empiezo a dar cuenta de cómo me empeño en no tragar muchas cosas contra las que me rebelo y sin embargo me atraganto de mis propias lágrimas. Intento alcanzar la esencia de la vida sin distracciones superfluas pero en cambio me narcotizo con razonamientos pueriles.
Es cierto que mis lágrimas no pueden devolverle el padre al niño chileno que angustiado lloraba el otro día ante la cámara suplicando que apareciese, ni alimentan a quien moribundo por el hambre me mira a través de la cámara, ni quitará el dedo del gatillo de las armas que cada día se disparan para matar y desmembrar; pero quizás mi llanto me ayude a encontrarme para que en mi fuero interno el sentido del sinsentido deje de hacerme sentir más desamparado que el niño chileno y más muerto que el hambriento o al menos que este sentido del sinsentido no me termine amputando la conciencia.
lunes, 8 de marzo de 2010
Tener o no tener esa no es la cuestión.

El otro día llegaba a mis manos un pequeño artículo acerca del desarrollo de los bebes que explicaba como en cierto momento del desarrollo, cuando el bebé ya comienza a agarrar los objetos con sus manos, si se le muestra algo que llame su atención procederá a agarrarlo con su mano; y si a continuación le muestras otro objeto que también le llame la atención igualmente irá a cogerlo con la otra mano que le queda libre, manteniendo cada objeto con cada mano, pero si seguidamente le muestras un tercer objeto que también resulta de su interés hará todo lo posible por asirlo también entre las dos manos que ya están ocupadas con sendos objetos anteriores, con lo que no lo conseguirá y ahí empieza una pequeña situación de frustración de querer coger y no poder, hasta que aprende el ejercicio de soltar para coger, de medir su capacidad para retener y de que no todo se puede tener a la vez. Se supone que esta lección queda grabada en nuestro córtex cerebral y está dispuesta para aplicarla cuando resulte necesaria a lo largo de nuestra vida. Ocurre con esto como con el aprendizaje de no hacernos nuestras necesidades encima y realizarlas en el lugar destinado a ellas.
En estos días ha salido a los medios una campaña para hacer frente a la crisis, con la que se pretende levantar el ánimo de la población diciendo que la crisis es algo que tenemos que arreglar entre todos y no dejarla en manos de los políticos ni de otros. En un primer instante uno piensa que es cierto eso de que el desánimo no es el mejor apoyo para salir de las crisis, pero enseguida me surgen una serie de preguntas al atender a esta campaña, como por ejemplo, ¿quiénes somos todos? ¿quiénes son los otros? Porque claro, no puedo evitar pensar si en ese “todos” solidario me equiparan a los que salen en el anuncio hablando de optimismo como son un ganador del premio planeta, un campeón de rallyes, famosos periodistas, empresarios y un largo etc con quien no consigo empatizar al menos en lo que a ingresos económicos se refiere. Por otro lado se hace en el anuncio el símil de la crisis con la sensación térmica en la temperatura ambiente, de manera que al igual que a veces hay una temperatura “X” pero la sensación térmica puede ser “X-3”, de la misma forma la crisis nos afecta en “X” pero la percibimos como mayor. Yo en este punto me encuentro con otra disyuntiva, pues si bien es cierto que no toda la población siente la crisis en la misma proporción y por tanto el desánimo generalizado que hay, honestamente tendría que ser más selectivo, porque no todo el mundo sufre la precariedad como las personas concretas que no obtienen ningún ingreso y además no encuentran posibilidad de emplearse; y por tanto las personas que no tenemos una situación de desamparo de este calibre tendríamos que ser más optimistas, me encuentro aquí con esa disyuntiva, pues discrepo con el sentido de optimismo que se predica en la campaña, ya que se insta a no tener miedo a gastar y a fomentar el consumo como medio para incentivar el mercado. Pero es que precisamente creo que esa ha sido la causa de la crisis que tenemos y de las que vendrán más adelante si no reformulamos el sistema puesto que la clave no creo que sea consumir sino más bien (permitiéndome el juego de palabras) “sumar con”, es decir, compartiendo y no tragando como sumideros desbocados. No me puedo creer que por comer más de lo que mi hambre me demanda ni por tener más bienes materiales de los que puedo llegar a disfrutar en todo su potencial voy a construir un mundo más justo y equitativo. Es como si le quisiésemos enseñar a los bebes cuando no pueden aferrar más de dos objetos que la única manera de que le salgan tres manos es intentando coger más de dos objetos a la vez.
Es cuando menos curioso cómo se van modificando los aprendizajes que adquirimos en nuestras primeras edades y llegados a la madurez nos cagamos fuera del tiesto porque no podemos coger más de lo que abarcamos.
lunes, 8 de febrero de 2010
Vueltas
Hace ya tiempo que caí en la cuenta de que solo hace falta tener los ojos bien abiertos para estar en un permanente estado de aprendizaje. Esta cuestión tan obvia y sencilla de entender no conlleva una aplicación permanente, pues sucede que a veces las circunstancias colapsan mis circuitos internos y entro en un estado de sobredosis emocional y mental que me lleva al bloqueo y a entrar en un ritmo de vida cercano al punto muerto, en donde casi ando por la vida más por una cuestión gravitacional, dejándome caer por las pendientes, sin acelerar pero tampoco pisando el freno; hasta que en un momento dado sucede algo, un pequeño detalle, que hace la función del chasquido de dedos del hipnotizador que te saca del trance y me devuelve cierta luz que sintoniza mis coordenadas nuevamente.La otra mañana me encontraba observando a Ana. Como el resto de la humanidad ella también cada día aprende algo nuevo; y ese día estaba descubriendo la posibilidad de girar su cuerpo y darse la vuelta. Estaba inmersa en toda una suerte de movimientos de piernas, brazos y cabeza intentando modificar sus puntos de apoyo y cambiar su posición. Se retorcía y cambiaba un poco para perder el equilibrio y volver como un resorte a la posición de partida. Ella continuaba una y otra vez, perseveraba como si toda su vida le fuese en llevar a cabo ese movimiento. Gruñía y hacía muecas que sonaban a llanto aunque no lloraba, se le veía demasiado concentrada en su tarea como para perder energía en llantos y quejas. Yo observaba embelesado toda la escena como observa un zoólogo el comportamiento de un animalillo, casi memorizando todo aquel protocolo que por otra parte me resultaba tan sencillo de entender y de realizar. Me parecía tan evidente ver que su propio brazo al pillarlo debajo de su cuerpo le hacía palanca y le impedía girar correctamente que simplemente era cuestión de llevar el brazo hacia arriba por encima de su cabeza y con el impulso de sus piernecillas el giro sería efectivo. Era fácil de entender y sencillo de realizar, pero era evidente que para ella con sus referencias y su visión del mundo en ese momento esta cuestión era poco menos que insalvable.
No sé exactamente en qué momento sucedió pero de repente me vi en su lugar. Entendí que yo me encuentro haciendo exactamente igual que ella pero con otros parámetros y otras referencias. Llevo bastante tiempo intentando darme la vuelta, revolverme respecto a como me encuentro situado, queriendo modificar mi posición en el mundo y luchando con no se qué cosas, pero a diferencia de mi hija lloro y me quejo más que ella. Y no tengo del todo claro quién de los dos es más perseverante y concentra mejor su energía de cara a su objetivo.
Encontrar este paralelismo me alivió bastante pues pensé que quizás en el fondo, las cosas (mis cosas) tampoco sean tan complejas y solo sea cuestión de ver dónde tengo puestos mis brazos y mis piernas y de qué modo me impido yo mismo realizar mis movimientos. Al fin y al cabo se trata de darme yo la vuelta y no de dársela al mundo.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Feliz 2010

Hace tiempo llegué a la conclusión de que las personas somos en cierto modo como los globos aerostáticos, vamos navegando por el mundo un poco a la deriva de los acontecimientos al igual que el viento actúa sobre estas naves. A la par que estos artefactos, nosotros los humanitos podemos elevarnos para hacer camino gracias a nuestro calor interno y es necesario que soltemos lastres si acaso queremos despegar y tomar cierta altura que nos permita hacer nuestro viaje.
Hoy me he acordado de esta conclusión a la que llegué no sé cuándo ni porque pero con la que sin duda hoy, quizás más que en otras veces, me identifico. Hoy llevé a cabo una decisión pensada y meditada durante largo tiempo, hoy solté un lastre pesado que no me permitía despegar; y no voy a negar que ahora me sienta un poco desangelado, asustado y aunque me disponga a tomar cierta altura o al menos cierta distancia, el vértigo en este primer tramo me acompaña. Sé que la incertidumbre es el abracadabra de la vida y miro el futuro con mirada esquiva, pero confío en mi calor interno para que me ayude a subir hasta la altura necesaria y así vislumbrar con mayor claridad el camino que me quede por recorrer.
Este año 2009 que ahora acaba ha supuesto para mí un tiempo de cambios, algunos más sutiles y otros más radicales, algunos más dulces y otros más amargos. Me quedo simplemente con que ha habido cambios y para mí los cambios y la vida están íntimamente ligados con lo cual me quedo con que he vivido, que no es poco.
Si tengo que pedir algo para el 2010, quizás me quedaría con la capacidad para seguir afrontando los cambios que tengan que suceder, que no es poco.
No sé si acertada o equivocadamente pero intento aplicar la filosofía de no desear a los demás lo que no te desees a ti mismo y viceversa (y no me va el masoquismo, que no se asuste nadie); así que como un deseo en el nuevo año para todas aquellas personas que me acompañan en este espacio, extiendo mi petición particular a todo el respetable y que dios reparta suerte.
Feliz y pacífico año 2010.
Hoy me he acordado de esta conclusión a la que llegué no sé cuándo ni porque pero con la que sin duda hoy, quizás más que en otras veces, me identifico. Hoy llevé a cabo una decisión pensada y meditada durante largo tiempo, hoy solté un lastre pesado que no me permitía despegar; y no voy a negar que ahora me sienta un poco desangelado, asustado y aunque me disponga a tomar cierta altura o al menos cierta distancia, el vértigo en este primer tramo me acompaña. Sé que la incertidumbre es el abracadabra de la vida y miro el futuro con mirada esquiva, pero confío en mi calor interno para que me ayude a subir hasta la altura necesaria y así vislumbrar con mayor claridad el camino que me quede por recorrer.
Este año 2009 que ahora acaba ha supuesto para mí un tiempo de cambios, algunos más sutiles y otros más radicales, algunos más dulces y otros más amargos. Me quedo simplemente con que ha habido cambios y para mí los cambios y la vida están íntimamente ligados con lo cual me quedo con que he vivido, que no es poco.
Si tengo que pedir algo para el 2010, quizás me quedaría con la capacidad para seguir afrontando los cambios que tengan que suceder, que no es poco.
No sé si acertada o equivocadamente pero intento aplicar la filosofía de no desear a los demás lo que no te desees a ti mismo y viceversa (y no me va el masoquismo, que no se asuste nadie); así que como un deseo en el nuevo año para todas aquellas personas que me acompañan en este espacio, extiendo mi petición particular a todo el respetable y que dios reparta suerte.
Feliz y pacífico año 2010.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Humanos (con derechos...)
Hoy se celebra, o mejor dicho se recuerda que existe una cosa llamada "derechos humanos", algo que a mi entender resulta una redundancia, pues si hicieramos el esfuerzo por ser la segunda parte del concepto, la primera vendría implícita, pero en fin, aparco el cinismo y me quedo con la necesidad de seguir arrimando el hombro para hacer de esta piedra cósmica que es nuestro planeta un espacio pisable y habitable, en donde podamos convivir todos los seres que la poblamos. Para mi, los derechos humanos son derechos terrestres, no los concibo como una cuestión que solo afecta a la categoría de los hominidos. Se que puede haber muchas opiniones y matizaciones acerca de esta visión, pero creo que no fastidio a nadie ni a nada por pensarlo y sentirlo así; y no me creo eso de que el ser humano es el ser superior de este planeta, pues si así fuese no estaría el planeta como está.Hace tiempo leí un cuento que me gustó mucho por lo sencillo y lo profundo de su mensaje. Yo me lo intento recordar todo lo amenudo que puedo y creo que en este día de conmemoración no está mal traído. Dice así:
UNA ESTRELLA DE MAR
Cierto día caminando por la playa, reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez. Tan pronto como me aproximé, me dí cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.
Intrigado, le pregunté sobre lo que estaba haciendo, y él me respondió:
- Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea es baja, y estas estrellas han quedado en la orilla; si no las arrojo al mar, morirán aquí por falta de oxígeno.
- Entiendo -le dije-, pero debe de haber miles de estrellas de mar sobre la playa...No puedes lanzarlas todas. Son demasiadas. Y quizá no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?
- El hombre sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar, me respondió:
-¡Para ésta si tiene sentido!
Quizás nuestra fuerza es pequeña, incluso ridícula comparada con la que puedan ejercer "los poderosos", pero curiosamente tod@s estamos tocad@s por ese alo de poder, pero nos negamos a apreciarlo porque nos cegamos con el resplandor de nuestra impotencia. Nos sentimos hormiguitas al lado de quienes consideramos que son los que "pueden" hacer algo, pero aún así creo que podríamos entonces hermanarnos con aquellas hormiguitas que también tenemos por debajo y que nos ven como "poderosos" y desde nuestro ínfimo pedestal empezar a cambiar. Como dice Viglietti tan bien dicho:
"Si yo no cambio un poco mis fallas mis males
¿cómo cambiar entonces las tierras, los mares?
Si no cambio un poquito mis mañas mis juegos
¿cómo cambiar en algo los dramas los fuegos?"
miércoles, 2 de diciembre de 2009
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