World Clocks

martes, 31 de mayo de 2011

Analgesia

Soy una persona muy metafórica, utilizo con frecuencia otras imágenes e ideas para explicarme mejor el mundo que habito y la vida que construyo. Antes de este parón sobrevenido por mi lesión solía utilizar los espacios de entrenamiento para pensar sobre qué estaba haciendo o hacia dónde iba en la vida. Y en no pocas ocasiones encontraba muchos paralelismos entre la carrera que estaba en ese momento realizando y la tesitura vital en la que me encontraba inmerso. Así, saber ajustar el ritmo en cada momento, aguantar en el momento de debilidad de las fuerzas o no obsesionarme con el tiempo eran para mí en muchas ocasiones pensamientos que trascendían los kilómetros que estuviese recorriendo y que llegaban hasta mis estudios o a mi pareja o a mis relaciones en el trabajo.
Ahora, este tiempo de no correr también tiene su parte de metáfora. El otro día por ejemplo leía, que en la medida de lo posible si se puede aguantar el dolor es mejor no hacer uso de los analgésicos pues al tomarlos inhiben el dolor y de alguna manera uno se autoengaña y se cree que está mejor de lo que realmente está, ya que si bien el dolor no se percibe, el daño sigue ahí. Y comentaban que el dolor no aparece de manera estéril sino que cumple la función de avisar y recordar que algo está mal y no funciona como debiera, por tanto va a ser un indicador de cómo evoluciona la lesión. En mi caso, puesto que el tratamiento consiste únicamente en mantener reposo y dar espacio para que el hueso fusione, la percepción del dolor me irá avisando de cómo va evolucionando la fractura.
A raíz de este razonamiento llevo pensando varios días en la necesidad de escuchar y atender al dolor del mundo que quizás está siendo expresado en los gritos y proclamas de las personas que se juntan en las plazas de muchas ciudades y que no hacen otra cosa que avisar de que algo no está bien y no funciona como debiera. Quizás cada vez que miro para otro lado o cambio de canal cuando sale la desgracia o el drama en la pantalla de mi televisor o en la portada de un periódico estoy haciendo uso de mis analgésicos existenciales que me ayudan a creer que la cosa está mucho mejor de lo que realmente está, dejándome guiar por unos síntomas falsos que solo contribuirán a que con este autoengaño cualquier día me sorprenda partido por la mitad yo que me creía tan entero.

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