lunes, 16 de marzo de 2009

con-sumo respeto...

Este fin de semana lo he tenido bastante movido pues el viernes viajé hasta Murcia para el sábado ir desde aquí hasta Madrid y regresar el domingo ya por fin a casa. En este recorrido que he tenido que hacer he pasado por muchos y variados paisajes, tanto geográficos como humanos, pero si puedo sacar una constante en todo lo visto, esta ha sido el buen tiempo que había en el ambiente y toda la gente que estaba en la calle disfrutando de este buen tiempo. Las plazas y calles estaban habitadas de niños y mayores, de gente que paseaba o que estaba plácidamente sentada viendo a los paseantes; y se intuía por todas partes las ganas de salir de las casas y desquitarse del frío invierno. Era alegre ver este ambientillo, aunque también es verdad que he sufrido momentos de contradicción que me han dejado un poco descolocado. Por ejemplo, pese al bombardeo mediático acerca de la crisis que asola las economías más modestas y que por tanto afecta a muchas, muchísimas familias, a pesar de ello, me ha llamado la atención ver los bares y comercios llenitos de gente. No sé cuál será el baremo que cada cual haga para sobrellevar su economía, pero desde luego el contraste entre lo que se dice de forma continua en medios de comunicación y entre las conversaciones a pie de calle sobre lo mal que está la situación y lo que yo he podido observar, era bastante significativo.
Hago esta reflexión porque el sábado por la noche miré el blog de Majo y su entrada me hizo pensar acerca de qué pensará la mayoría de la gente puesto que si tanto se compra y se vende, ¿todo tiene un precio? ¿se parará el personal a pensar cuál es el precio de la vida? no el costo de la vida, sino el precio de vivir.
El viernes por la tarde noche, mientras daba una vuelta por Murcia, en una de las calles comerciales del centro, que estaba atestada de gente andando para arriba y para abajo, entrando y saliendo de los comercios; me llamó la atención una frase escrita en la pared que decía “juega más y consume menos”, justo estaba leyendo esa frase y señalándosela a mi compa para que la viese, cuando se nos acercó un chaval con una carpetita en la mano y un peto en el que venía escrito el nombre de una ONG y comenzó a hablarnos sobre las virtudes de los proyectos que realizaba su organización, sobre lo chungo que es este mundo capitalista y consumista y sobre lo bueno que era que apadrináramos uno de los niños que su organización ayudaba en los proyectos que realizaban. Con mis mejores palabras le expliqué los motivos por los que no creo en el apadrinamiento de niños como una estrategia para solucionar los problemas de los países esquilmados por el norte económico del planeta; y cuando estaba haciéndole referencia a la pintada de la pared, el susodicho me tendió la mano y educadamente me cortó y me dijo “encantado de conocerle” y se largó. Yo en cierto modo me alivié porque me lo quité de encima, pero este acontecimiento –una calle comercial, atestada de gente comprando, y una ONG vendiendo su producto, que en este caso era el futuro de unos niños- junto con la entrada de Majo, hace que me plantee si habrá algo, aunque solo sea una cosa, que los humanitos de las narices seamos capaces de no ponerle precio. Y para más inri este domingo ha sido el día mundial de los consumidores. Me pregunto si los niños esos de la ONG y otras muchas personas que son presentadas en similares circunstancias serán entendidos como consumidores o como consumibles.
A pesar de todo, sigo pensando que la vida es la repera y que pese a los momentos y las circunstancias contradictorias o más o menos jodidas, a pesar de ello, vivir merece “la pena”.

viernes, 13 de marzo de 2009

Vida

Hace diez días tuvimos la primera visita a la ginecóloga e hicimos una ecografía para comprobar la fiabilidad de la prueba de embarazo. Lo que se vio fue que había bolsa en la que se albergaría el embrión pero no se apreciaba que hubiese nada dentro, por lo que habría que esperar diez días para hacer una segunda "eco" y salir de dudas definitivamente, pues utilizando las palabras literales de la ginecóloga "a veces el huevo es huero y no se llega a fecundar". Así que salimos de la consulta con la conciencia de estar embarazados, pero sin saber a ciencia cierta en qué quedaría el asunto. Digamos que no nos hemos emparanoiado con el asunto, aunque no voy a negar que durante estos diez días estaba la incógnita sobrevolando nuestras cabezas por si la famosa "bolsa" tendría al final algo o se quedaría todo en un intento de embarazo.
Hoy hemos tenido la segunda cita para efectuar la ecografía y ver en qué ha evolucionado "el asunto". Nada más comenzar ha habido buenos augurios puesto que la doctora lo primero que ha dicho es "uff, esto si que ha cambiado en diez días, ¡cómo ha crecido la bolsa!"; y en un movimiento del sensor apareció en medio de la primera mancha identificada como bolsa, otra manchita, por contraste, de color blanco que nos decía que "el asunto" había cuajado.
Yo creo que voy a disfrutar mucho a mi hij@, aunque eso no quita que los niñ@s no se encuentren entre mis preferencias. De hecho estábamos en la consulta mi compañera y yo esta mañana y mientras esperábamos, mirábamos un panel en la pared repleto de fotos de bebes, fruto del trabajo de la ginecóloga, panel y fotos que observábamos con una mirada que podríamos definir como neutra; incluso en un momento dado, nos hemos mirado y yo le he comentado en tono de broma "¿seré un buen papá?, es que miro las fotos y no me despiertan la ternura que se supone que te genera el ver a estos bebes..." a lo que mi compa me contestó "pues yo pienso lo mismo respecto a mí, porque me sucede lo mismo".
Estábamos en esa tesitura, entre la incógnita de no saber si la bolsa tendría "algo" dentro, tomando conciencia de que no éramos una progenitores que babeasen viendo niños pero que por otro lado si nos ilusionaba la idea de que hubiese embrión...en fin, que podríamos definir la situación como algo confusa a nivel interno.
Sé que mirábamos aquel panel lleno de fotos de niños rosaditos y sanos con mirada neutra, pero no sabría decir que cara pusimos cuando vimos una simple mancha, aunque con el matiz de que era “nuestra mancha”, por lo que deduzco que la neutralidad se difuminó. Lo que si tengo en mi mente como si lo estuviese ahora mismo viviendo y creo que lo recordaré durante mucho tiempo, el momento en que la ginecóloga tocó un mando de la máquina y se comenzaron a escuchar unos golpecitos rítmicos que provenían de nuestra manchita. Como digo, no se cómo sería mi mirada, pero atendiendo a la sensación que me produjo escuchar el sonido de ese corazoncito que hizo que el sonido del mío se acelerase como si estuviese corriendo en mis mejores tiempos, puedo creerme que mi cara fuese la de todo un panoli redomado.
Llevo todo el día con ese repiqueteo metido en mi coco. Lo he hablado con mi compa y al igual que nuestra neutralidad con respecto a las fotos del panel era sincera, la parcialidad respecto a ese morse coronario que hemos escuchado es totalmente igual de cierta e ilusionante. Desde luego que si ese latidito se pudiese traducir al lenguaje morse, perfectamente nos podría estar diciendo, “vaya cara de tontorrones y bocazas que tenéis, ¿y vosotros sois los que tenéis intención de educarme, y soy yo quien os estoy dando la primera lección...?”

sábado, 7 de marzo de 2009

¿Justicia?


Esta semana se me han cruzado dos noticias que me han erizado hasta las pestañas por el estupor que me han causado. El miércoles escuchaba en la radio la entrevista que le hacían a una mujer iraní, que había sido quemada con ácido por un antiguo novio al sentirse éste despechado, dejándola ciega además de con el rostro desfigurado para el resto de su vida. El gobierno iraní aplicaba la ley del talión y condenaba al hombre a recibir el mismo trato. La noticia hasta este punto me inquietó bastante y me acordé de lo que Gandhi decía, “ojo por ojo el mundo acabará quedándose ciego”. Mi concepto de justicia no pasa por pagar con la misma moneda y tampoco creo en eso de el fín justifica los medios. Pero mi desacuerdo con este hecho, se vio aumentado aún más al escuchar que la ley en Irán reconoce a la mujer como la mitad que el hombre, por lo que para esta mujer que perdió los dos ojos, la ley del talión solo le daba derecho a cobrarse un ojo de su agresor. Y si ella quería dejarlo ciego de los dos y que quedase como ella tendría que pagar al gobierno iraní 20000 euros; lo cual sonaba a humor negro del malo con una alta dosis de recochineo. Por si me quedaba duda de que no se estaba haciendo justicia aplicando esa ley del talión en la que no creo ni estoy de acuerdo, además, ese acto de menosprecio hacia el género femenino.
Por otro lado hoy escucho la noticia de que un obispo brasileño a excomulgado al equipo médico y a los padres de una niña de nueve años a la que se le practicó un aborto por que su padrastro la violó y la dejó embarazada. Se excomulga a los padres que autorizan que a la pequeña le quiten este crimen de su cuerpo, a los médicos que facilitan que la pequeña no tenga que cargar con el delito de un desquiciado, pero del autor de la violación no se hace referencia alguna a haber sido excomulgado. Igualmente me suena a broma y pienso que si esto es la gracia de dios, va a tener también bastante humor negro y del malo igualmente.
Lamentablemente en estos dos episodios sale maltrecho el género femenino, como tantas y tantas veces a lo largo de la historia.
En el mundo hay creyentes, ateos y agnósticos, pero a la hora de joder a la mujer, la justicia divina y la humana parecen aliarse de manera que todos los canallas del planeta tengan con qué escudarse a la hora de vapulear a quien les acogió por primera vez para traerlos a la vida.
Y para colmo de cinismos la justicia es representada con la figura de una mujer. Me tengo que agarrar los atributos masculinos porque se me caen al suelo de vergüenza ajena.

lunes, 2 de marzo de 2009

Cambios



Dice un aforismo oriental que nada permanece excepto la impermanencia. Estamos por tanto en manos del cambio continuo. Nos envuelve la muerte y el nacimiento de células, el orto y el ocaso del sol, la expansión y subducción de la corteza terrestre…, hasta lo aparentemente estático está en movimiento y por tanto en continuo cambio. A pesar de ello, buscamos y necesitamos referencias para entender esos cambios o situarnos dentro de ellos y poder así entendernos quizás a nosotr@s mism@s.
En otra época de mi vida dediqué tiempo y sudor a la práctica del atletismo. En esos tiempos yo corría y corría mientras soñaba con alguna vez cruzar la línea de meta alzando los brazos. Es curioso como una simple raya puede suponer ciertos cambios en tu vida. Esa referencia inventada y consensuada para marcar la diferencia puede tener tantos significados como personas haya. Así, el deportista cruza la meta y logra la gloria olímpica, la persona cruza la frontera y se convierte en ilegal, otra persona cree que en la raya de su mano está la clave de su fortuna o el drogodependiente ve en la raya de coca una puerta a su paraíso inventado, y si esta raya es más pura de lo habitual se arriesga a quedarse en el sitio para siempre… Una simple raya puede ser la señal creada para decirnos que hay un cambio importante a la espera.
Yo ayer fui “víctima” de una raya. Esa señal premonitoria me susurró futuros cambios. A pesar de ser consciente de que ciertas etapas de la vida van pasando por el fichero personal y mas o menos tienes idea de lo que puede suceder y de lo que te gustaría que sucediera, no quita para que cuando la idea o proyección mental toma algo más de cuerpo en una señal que dice que tus supuestos comienzan a ser certezas y que si no sucede otra cosa que trunque este pequeño cambio acabas de cruzar a otro lado, entonces, te entra cierto escalofrío que te recorre la médula, miras alrededor y aparentemente todo sigue en su sitio inalterado, incluso tú mismo sigues en la misma posición, ni has engordado ni has crecido ni nada de nada, pero no eres el mismo. Miras el tubito de nuevo con la rayita pintada y te dices entonces en voz alta para escucharte y cerciorarte de que es cierto - voy a ser padre- y te lo repites unas cuantas veces para ver si alguna de las repeticiones suena a que es un sueño o una broma (por esto lo de “víctima”), pero no, es real como el suelo que pisas.
Hace dos días escribía sobre lo urgente y lo importante, sobre cómo en ocasiones nos desangramos la vida con urgencias a pesar de que en nuestro fuero interno sepamos que son banalidades, que la vida es otro rollo. Y sin embargo de alguna manera nos atrapa la red invisible de los “debería” o de “lo normal” y cuando menos acuerdas notas que la camisa te aprieta tanto el cuello que más que respirar suspiras.
Ahora, desde el otro lado de la raya me vuelvo a cuestionar lo urgente y lo importante; y pienso en el garbancito o garbancita que está abrigad@ en el vientre de su madre y arropado con la ilusión y el cuidado de su padre (o sea yo…¡¡¡se me hace tan raro!!!) y supongo que este cambio es a la vez urgente e importante, pero me siento tan revolucionado por dentro, que se me han colapsado todos los parámetros, referencias o señales, solo se, que si me asomo a la ventana y miro al cielo me noto tal nivel de euforia que al ver las estrellas creo que del salto que daría podría bajarle una para darle algo de luz durante su tránsito en la penumbra del útero.

Esta pequeña raya que ayer se me cruzó en la vida creo que me va dar para mucho.
Continuará.

viernes, 27 de febrero de 2009

lo urgente y lo importante.



Yo no sé a los demás, pero a mí me sucede que se me pasan los días marcados por un ritmo de acciones imperiosamente urgentes o al menos inaplazables. Familia, trabajo, estudio, tareas de casa…todo son cuestiones que requieren de tu presencia directa y que de alguna manera luchan por no ser desplazadas de ese guión rutinario pero a la vez tirano que marca unos espacios, unos tiempos y que va poniendo puertas y límites a las posibilidades de contactar con nuestra esencia. Cada ámbito nos suministra una etiqueta y una capa que nos viste y va ocultando qué, quién o cómo somos.
En cierta ocasión en un curso, el profesor me preguntó “¿tú, quién eres?” a lo que yo respondí “yo soy …” y el me dijo “no te he preguntado tu nombre, te he preguntado quién eres” y yo volví a responder “soy un estudiante de …” y me volvió a contestar “no te he preguntado a qué te dedicas, te he preguntado que quién eres” y yo algo más desconcertado contesté “soy una persona que vive en… y que le gusta… y hace…” y de nuevo me dijo “no te he preguntado dónde vives, ni qué te gusta ni qué haces, te he preguntado que quién eres”; así siguió esta situación como un bucle que se repetía hasta la saciedad sin que yo consiguiese dar con la respuesta correcta, hasta que con una mezcla de desesperación, de rabia e incluso de pena por fin dije “pues no sé quién soy”. Con esta prueba aquel profe solo quería mostrar como las distintas facetas de nuestra vida nos imprimen un rol que va tapándonos y envolviéndonos, con lo que corremos el riesgo de diluirnos o confundirnos creyéndonos ser lo que no somos.
Me viene ahora a la cabeza la frase que dice “si no vives como piensas, terminarás pensando como vives”. Quizás este sea el riesgo que corremos si no tenemos claras nuestras coordenadas de origen.
Esta semana me propuse apretar la agenda de manera que sacase tiempo para mí, es decir, no para el currante, ni para el marido, ni el hijo, ni el vecino ni para ninguna etiqueta. Me he podido largar dos días a la montaña. Era algo que hacía bastante tiempo que no podía hacer, bien porque siempre había algo “urgente” que lo obstaculizaba o cuando las ocupaciones me lo permitían era el clima el que decía que no era el momento de tirar para arriba. El caso es que mi síndrome de abstinencia era ya lo bastante fuerte como para estar en una situación de cierto desequilibrio.En cierto modo me pasaba como decía santa Teresa, "vivo sin vivir en mí". Era como si todos los trajes que llevaba puestos me estuviesen dificultando la respiración.
El haber roto con la rutina, me ha dado la posibilidad no tanto de encontrarme conmigo mismo como de ser consciente del riesgo que corro de perderme. Me he dado cuenta de cómo me dejo llevar por lo urgente y olvido lo importante, de cómo me encargo de cuidar a otros y no cuido al cuidador… y toda una serie de planteamientos que me llevan a reafirmarme en la conclusión de que si algún día me provoco un autogolpe de estado no será fruto de un azar ni de un mandato divino aunque si que creo que me quedaré más a gusto que dios.

jueves, 19 de febrero de 2009

Calorías emocionales 2.



A veces se dan ciertas coincidencias, o puede ser que esas coincidencias están ahí y son más frecuentes de lo que somos capaces de detectar. Sea como fuere, ayer me nutrí de una de esas coincidencias. Colgué la entrada compartiendo el texto que me encontré sobre la falcultad de crecer, y muy poco después mientras escuchaba la radio disfruté de esta conversación que me encantó. Los miércoles por la tarde en la cadena SER, en el programa la ventana que dirige Gemma Nierga, tiene un espacio a las cinco y media que se llama "pensar por pensar" y en el que establecen un diálogo Manuel Cruz (filósofo) y Manuel Delgado (antropólogo) sobre diversos temas, cada semana uno distinto. Algunas semanas la conversación resulta un ladrillo, pero ayer no fue este el caso; y ahí está la coincidencia, mi coincidencia. Hablaron sobre el crecer, el hacernos mayores y ¿qué nos convierte en adultos?.


El caso es que puesto que dejé el texto que ayer me aportó ese punto de referencia, creo apropiado aportar lo que fue la segunda parte a esta reflexión que ayer me ocupó y que de alguna manera me ha dejado un eco que creo me durará en el tiempo.


Simplemente dejo el enlace para escucharlo si apetece y si se dispone de tiempo, pues dura en torno a veintitantos minutos ( se puede escuchar mientras se hace otra cosa, creo que merece la pena escucharla). A mi personalmente las cuestiones y razonamientos que plantean los dos profesores me parecen muy interesantes y creo que se puede sacar mucho jugo, pero vamos, como todo este blog, esta es una apreciación personalísima.


En fin, que siguiendo con la metáfora de la onza de chocolate, esto es el trozo de pan que acompaña a toda merienda tradicional.



http://www.cadenaser.com/actualidad/audios/nos-convierte-adultos/csrcsrpor/20090218csrcsr_20/Aes/








miércoles, 18 de febrero de 2009

Calorías emocionales.


Este texto, lo saqué de alguna de las muchas páginas que me encuentro en la red cuando buceo curioseando de acá para allá. No recuerdo de dónde lo saqué ni cuándo lo encontré, pero en su momento llamó lo suficiente mi atención como para copiarlo y guardarlo en mis archivos. No se quien será el/la autor/a, pero le reconozco la propiedad diciento que el texto no es mío aunque bien me gustaría a mi haberlo escrito.

Registros de la propiedad intelectual al margen, la cuestión es que hoy, buscando en mi ordenador me he encontrado con el susodicho texto y al releerlo, me ha sabido bien. Digamos que es como esa tableta de chocolate que guardas en el armario de la cocina, y un día al ir a coger otra cosa la ves, le quitas un cuadradito y ese pequeño bocado te sabe a gloria. Sabes perfectamente que es chocolate, que no estás probando nada nuevo, pero en ese momento el sabor del cacao te sabe especial y te endulza el momento. Eso mismo me ha pasado con este texto. No me ha descubierto ninguna nueva teoría, pero me ha recordado lo guapo que es vivir y a pesar de que como alguien dijo, vivir es una enfermedad mortal, la verdad es que sarna con gusto no pica.

Este blog nació como una ventana natural a un gran cañon en el que me dispondría a gritar mis neuras al vacío, obteniendo mi eco como respuesta y el consuelo de descargarme como resultado. En cambio he tenido la agradable sorpresa de comprobar que algunas personas lo leen y me acompañan en mi vocerío existencial, algunas gritan conmigo en sus comentarios y otras gritan en silencio con la simple lectura. Para tod@s las personas que pasais por aquí comparto este trocito de chocolate personal, con la ilusión de que al igual que a mi, también os pueda alimentar y ayudar a crecer.

Gracias.



UNO CRECE


Imposible atravesar la vida ...sin que un trabajo salga mal hecho,

sin que una amistad cause decepción,

sin padecer algún quebranto de salud,

sin que un amor nos abandone,

sin que nadie de la familia fallezca,

sin equivocarse en un negocio.

Ese es el costo de vivir.

Sin embargo lo importante no es lo que suceda,

sino, como se reacciona.

Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes,

vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece...

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza,

ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.

Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla.

Cuando comprende qué es lo que le frena en el camino a la felicidad.

Uno crece con la generosidad y el perdón.

Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando lo que deja por detrás,

construyendo lo que tiene por delante

y proyectando lo que puede ser el porvenir.

Cuando ama y por amor gira su nave y va hacia el sol.

Uno crece cuando mil veces hierra y mil se levanta.

Crece cuando se supera, se valora, y sabe dar frutos.

Uno crece cuando abre camino dejando huellas, asimila experiencias...

¡Y siembra raíces!

Entonces el ahora puede cambiar y germinar en luz.

Uno crece cuando se impone metas,

sin importarle comentarios negativos ni prejuicios,

cuando da ejemplos sin importarle burlas ni desdenes,

cuando cumple con su labor.

Uno crece cuando se es fuerte por carácter,sostenido por formación,

sensible por temperamento...¡Y humano por nacimiento!..

Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas.

Recoge flores aunque tengan espinas

y marca camino aunque se levante el polvo.

Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones,

capaz de perfumarse, con residuos de flores...

¡Y de encenderse con residuos de amor...!

Uno crece ayudando a sus semejantes,

conociéndose a sí mismo

y dándole a la vida más de lo que recibe.

Uno crece cuando se planta para no retroceder...

Cuando se defiende como águila para no dejar de volar...

Cuando se clava como ancla

y se ilumina como estrella.

Entonces...

Uno Crece